En esta sección del blog encontrarás cosas que quizás parezcan triviales, cotidianas, y que se transforman en pequeñas herramientas para hacer el camino más provechoso. En otras palabras hablaremos de cómo lo externo te puede ayudar en tu trabajo interno. Y es algo irónico, porque en este primer post hablaré precisamente de la importancia del trabajo interno. Resulta que esa antigua frase que todos alguna vez escuchamos “Primero yo, segundo yo y tercero yo” no es tan ególatra y resume de forma simple la importancia de atender nuestras necesidades, nuestras inquietudes; en definitiva darle respuesta a todas aquellas preguntas que a veces con valentía nos hacemos.
No es fácil. Y cómo lo va a ser si vivimos en un sistema que no ha dado evidencias concretas de generar una constante dispersión: en los medios, en la prensa o en la entretención. Incluso las religiones, que vemos como un puente o conexión con lo divino, si no son practicadas con la madurez suficiente, se convierten en simples actos de fe ciega que dejan el más profundo compromiso con nosotros mismos , en manos de una deidad, una oración, una manda, etc.
Es necesario comprender con toda nuestra conciencia, que nuestro presente está construido por todas nuestras decisiones pasadas. Es muy importante “aprehender” que nada cambia afuera, en tanto no cambiemos nosotros, seres concientes o por lo menos aspirantes a serlo, contenidos en un planeta con el que debemos vivir en equilibrio.
El Tzolkin no es una religión. Mucho menos una secta. Es una herramienta, un sistema que te ayuda a profundizar cada vez más, giro tras giro, en tu trabajo interior. Te da la posibilidad de enfrentarte cara a cara, con aspectos de tu personalidad, de tu comportamiento y de tu relación con los demás. Aspectos que por cierto, muchas veces dejamos ocultos, porque no los consideramos vitales para una transformación interna. El Tzolkin es un “arma de conciencia”, porque despierta al ser único, al ser que Tú Eres in-corporación tras in-corporación y que se encuentra limitado y sometido a esta persona, que es la que erradamente creemos que nos define.
Que no te dé miedo. Si llegaste hasta aquí es porque las preguntas que te hacías de vez en cuando en momentos de soledad o introspección, comienzan a repetirse con más frecuencia. Quizás sigas vitrineando hasta encontrar, no el fondo, sino la forma en cómo llegarás a él. Lo cierto es que el Tzolkin no dice nada muy distinto a otras escuelas de pensamiento que buscan alcanzar la plenitud interior. Hace un par de meses leí “Introducción a la sicología Jungiana”; un excelente libro y guía para enfrentarse a aspectos latentes y escondidos de nuestra personalidad. Las similitudes con el Tzolkin fueron infinitamente más evidentes que las diferencias. Así me ha pasado con documentales, conversaciones con amigos, técnicas de meditación, etc. Me quedé y profundicé con el Tzolkin, porque a los pocos meses de su uso diario y metódico me di cuenta que efectivamente me ponía en contacto con cosas que no quería ver, ocultas o que nunca las consideré como propias. Mi creencia se transformó en fe y luego en certeza al ver los resultados concretos. Por supuesto esto no se ha acabado y sigo en el camino, redescubriéndome a cada día.
Una vida es demasiado corta para descubrirlo todo, pero en algún punto hay que dar el primer paso. Tú ya lo has dado. Has empezado a hacerte preguntas, has empezado a cuestionar lo que te dicen. Has comenzado a despertar. ¡Bendiciones! Has comenzado a profundizar en tu interior.
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