Para todos se ha hecho lógico pensar que la ciencia ficción empieza a convertirse en una especie de oráculo de la realidad, la que sólo unos pasos más atrás, va confirmando lo que visionarios creativos ya habían plasmado en películas, libros y cómics. Sin embargo cuando esto mismo sucede en el ámbito de lo metafísico o esotérico, nos hace reflexionar profundamente, más que cuando salimos del cine comentando la película que acabamos de ver.
La siguiente noticia ya ocurrió en noviembre de este año, pero nos pareció muy pertinente como para dejarla pasar en este primer post. Un equipo internacional de investigadores descubrió un enigmático exceso de electrones que bombardean la Tierra desde el espacio. Se desconoce la fuente de origen pero se cree que es local, es decir estaría situada dentro de nuestra galaxia. Los rayos cósmicos galácticos (definición dada por los propios científicos) son partículas subatómicas aceleradas a casi la velocidad de la luz por explosiones de supernovas u otros sucesos violentos. Dichos rayos viajan por toda la Vía Láctea, formando una nube de partículas de alta energía que ingresa al Sistema Solar desde todas direcciones. Para estudiar estos rayos cósmicos, John Wefel, de la Universidad Estatal de Louisiana y coautor del informe, junto a otros colegas han pasado los últimos 8 años haciendo volar una serie de globos a través de la estratósfera, sobre la Antártida. En todas las oportunidades, un detector de rayos cósmicos financiado por la NASA, llamado ATIC (sigla que en español significa Calorímetro Avanzado de Baja Ionización) era el encargado de llevar la cuenta de la mezcla usual de partículas, principalmente de protones e iones, pero el calorímetro descubrió algo extra: abundancia de electrones de alta energía. Durante cinco semanas en las cuales se lanzaron globos, en el 2000 y 2003, el ATIC contó 70 electrones en exceso en el rango de energía de 300-800 GeV. (“exceso” significa sobre y por arriba de la cantidad usual esperada del fondo galáctico). Quizás no suene como una gran cantidad, pero Wefel lo explica con un práctico ejemplo – “Imaginemos conducir por una carretera entre sedanes, furgonetas y camiones cuando de pronto 70 Lamborghinis irrumpen el tránsito normal. 70 no es un gran número, pero uno no espera ver ese número de autos de carrera en una autopista todos los días” -.
“La fuente de estos exóticos electrones debe estar relativamente cerca del Sistema Solar, a no más de un kiloparsec de distancia”, dice el coautor de la investigación, Jim Adams, del Centro Marshall para Vuelos espaciales, de la NASA. ¿Porqué debería estar cerca? Adams explica: “Los electrones de alta energía pierden energía rápidamente conforme vuelan a través de la galaxia. Se desprenden de la energía principalmente de dos maneras: (1) cuando colisionan con protones de menor energía, en un proceso llamado dispersión inversa de Compton y (2) cuando irradian parte de su energía moviéndose en forma de espiral a través del campo magnético de la galaxia”. Para cuando un electrón ha viajado un kiloparsec completo, ya no es de tan alta energía.
De todo esto se puede desprender que los electrones de alta energía son locales. Algunos miembros del equipo de investigación creen que la fuente podría estar a menos de unos cientos de parsecs de distancia. A modo de comparación, el disco de nuestra galaxia, la Vía Láctea, mide cerca de 30 mil parsecs de ancho (un parsec es equivalente a unos 3 años luz).
“Lamentablemente no podemos ubicar la fuente en el cielo” dice Wefel, porque aunque el ATIC mide la dirección de las partículas que ingresan, es muy complicado traducir esos ángulos de ingreso a coordenadas celestes.
Por supuesto, todo aquello permite dar rienda suelta a la imaginación. Desde un pulsar cercano o un microcuassar, hasta un agujero negro de masa estelar, o incluso materia oscura. Todos estos fenómenos son capaces de generar electrones de alta energía. Por el momento, el recientemente lanzado telescopio espacial de Rayos Gamma Fermi, de la NASA, tiene la suficiente sensibilidad como para comenzar a examinar el cielo y revelar alguno de estos objetos.
Pareciera ser que tendremos que irnos acostumbrando a encontrarnos con este tipo de noticias. Noticias que cruzan vertiginosamente la delgada línea que separa la realidad de la ficción.
FUENTE: http://ciencia.nasa.gov/headlines/y2008/19nov_cosmicrays.htm




Hola muy interesante el articulo ,
Saludos
Estos rayos cósmicos podrían de alguna manera alterar alguno de nuestros cuatro cuerpos?