Recuerdo casi con memoria fotográfica aquellas navidades de pequeño. Escribía una carta tan detallada que no había opción para que el Viejo Pascuero me trajera otra cosa. Ibamos a dejarla al correo, o se las daba a mis papás, “los ayudantes”, por lo menos unas dos semanas antes de la fecha. Durante esos 14 días me fundía el cerebro imaginando lo que iba a ser ese verano con una bicicleta nueva. Esas visualizaciones hacían saltar mi corazón agitadamente, sobretodo cuando pasaba por alguna tienda y veía justo la que yo había pedido. Ustedes imaginarán lo que fue esa noche… Sin poder cenar, con el estómago todo revuelto, sólo queriendo ir al árbol. Y cuando fue el momento, lágrimas de esas que salen porque no pueden contenerse dentro, mojaban mis ojos gigantes de asombro y felicidad. El trabajo mental de todo un año, mis imaginerías, mis sueños; todo desembocaba en un momento que quedó en mi mente y en mi corazón para siempre.

Una situación muy similar fue la que ocurrió con mi ex pareja, de hace poco más de un año. Una persona a la cual no tenía ninguna opción de conocer, y los acontecimientos así lo demostraron luego. Fue en una pensión para estudiantes a la que no quería llegar. Sólo con mi hermano, compartiendo una pieza, fue que la conocí. Nos hicimos amigos, y al igual que cuando era niño, mi mente y mi corazón le pertenecían durante casi todo el día. Ella ya tenía pareja, lo que demoró el inicio de nuestra relación un buen tiempo. Sin embargo y en honor a la verdad, creo que todo lo que pensaba y sentía por ella superó ampliamente mis nulas capacidades de conquista. Hasta que un día, cuando ya casi me había dado por vencido, ella se acercó y tomó la iniciativa. Dos años maravillosos recuerdo con ella, y ahora que miro hacia atrás, me doy cuenta de lo fundamental que fue en esa etapa de mi vida. Es un cliché pero fue como si casi me hubiera caído del cielo.

Actualmente, llevo un mes viviendo con mi familia en una casa. Hace tiempo imaginábamos lo lindo que sería vivir en una, en un barrio alejado de los ruidos, y con un patio donde experimentar con una huerta nuestras primeras nociones de la autosutentabilidad. Y esta fue la segunda de todas las casas que vimos, una vez más, como si hubiera estado allí, para nosotros.

Lo último que ha sucedido, y que me motivó a escribir esta reflexión, fue haber encontrado trabajo. No cualquier trabajo y no en cualquier situación. Yo estudié Publicidad, y con todo esto de la crisis estaba desempleado desde diciembre. Una vez que ocurrió, muchos amigos se preocuparon y me entregaron datos para entrevistas en otras agencias. Sin embargo, y no por una mala experiencia en mi último trabajo, comenzé a sentir que no era el camino correcto. La primera prueba se manifestó cuando comenzé a verbalizar el que “no quería seguir trabajando en una agencia”, dado que una creciente y sostenida premisa de trabajar más en servicio y cooperación que por el simple lucro, iban llenando cada vez más mi mente y corazón. Convencido, en parte por las continuas recomendaciones de Hernán, decidí partir con mi propia agencia. Mi mayor temor era que nadie se sumara a la iniciativa, pero un amigo y mi hermano sí lo hicieron. Mi segundo mayor temor era que costara mucho al principio y que durante un buen tiempo no iba a tener ingresos. Por lo tanto un trabajo extra se hacía imperativo. Tengo una motito, y no me causaba problema el buscar un puesto part time como repartidor o algo chico que me diera sustento económico y holgura para sacar mi proyecto adelante.

¿Cuál fue el resultado? Este lunes comenzé a trabajar en Greenpeace Chile. Hace ya tres meses mandé un currículum sin mucha espectativa. Nunca me llamaron y me olvidé del tema. Hasta la semana pasada, cuando me pidieron una entrevista. El sueldo era bajo, pero eso lo supe después de haber pasado la primera etapa; porque la verdad es que todo había sido tan increíble y rápido que ni siquiera me preocupé de aquello. Fue ya en la entrevista final cuando me dijeron - “Sabemos que es poco pero te necesitamos, esta es la nueva propuesta: Aumento del sueldo y total flexibilidad de tiempo para tu proyecto personal” - Casi se me calló la cara. De hecho, se terminó de caer cuando me contaron que viajaban y que probablemente me tocaría hacer capacitaciones en el extranjero. Cuando salí tuve la misma sensación de antaño. Las lágrimas mojaban mis ojos impresionados, como cuando vi la bicicleta. Como cuando ella me dijo que sí.

Comenzar a entender el fenómeno de la precipitación, ha sido para mí una escuela absolutamente práctica. Y claro, es díficil entender la teoría cuando no hay ejemplos que la clarifiquen. Lo cierto es que está comenzando a suceder. Aun no sé bien cómo y gran parte de mi futuro trabajo interior tendrá que ver con eso. El Tzolkin ha sido fundamental, sí. Ha sido fundamental, porque me ha ayudado a dibujar un camino, a marcar obejtivos. Ha sido un proceso de autoanálisis que me ha llevado a vibrar en una frecuencia que me hace sentir bien, y en donde todas las cosas comienzan a suceder producto de ello. Estaremos de acuerdo en que no es ni será la única herramienta, pero hoy estoy escribiendo aquí, en agradecimiento a ella. Difundiéndola con mis propias expericiencias, para que alguien como tú, lea y pueda decir: - Esto es lo que estaba buscando” -.