Ya en el siglo 600 AC en la ciudadela de Montealbán, sobre las montañas de Oaxaca en México, los zapotecas usaban un sistema calendárico basado en 260 días, donde se permutaban 20 símbolos con 13 numerales de puntos y barras. Un punto es una unidad, una barra son cinco unidades, una barra y tres puntos son trece unidades, etc.

El primer obispo de Yucatán, Fray Diego de Landa, junto con haber sido el mayor inquisidor y responsable de la quema y destrucción de innumerables e invaluables textos y registros Maya en el “auto de fe de Mani”, se abocó a escribir las costumbres, la lengua y las tradiciones Maya, obra que hoy conocemos como “Relación de las cosas de Yucatán” y que ha servido de base para toda investigación Maya posterior; relación sin la cual no habríamos llegado a entender la mecánica del Tzolkin. La obra del obispo Landa fue descubierta por el abate francés Charles E. Brasseur de Bourbog y publicada por el mismo en el año 1864, cambiando radicalmente el conocimiento del mundo Maya.

La segunda y radical contribución a la comprensión del mayismo, vino de la mano de un ruso, Yuri Valentinovich Knorosov, quien principalmente ayudó a descifrar definitivamente los jeroglíficos Maya. Knorosov descubre que siendo fundamentalmente un registro astronómico de eclipses y ciclos de Venus, el códice Dresde contiene innumerables cuentas y registros Tzolkin de 260 días y donde cada referencia Tzolkin, describe la acción de alguna deidad Maya.

Al día de hoy, no existe una certeza acerca de cuándo o desde cuándo fue usado el Tzolkin por las etnias proto-maya así como tampoco si todas, que son más de 30, lo consideraban su cuenta sagrada.

Independiente de lo anterior, lo que sí sabemos hoy, es que:

  • No era un calendario como el Haab de 365 días, o el Gregoriano nuestro, aún cuando con el llevaban una cuenta equivalente a 26.000 años
  • Su uso estaba restringido a la casta sacerdotal de los “Ah Kines, sacerdotes del culto solar Maya” que traspasaban su conocimiento de generación en generación a través de un linaje sacerdotal e iniciático.
  • Está fuertemente ligado a la tradición oral y casi no existen puntos de referencia gráfica o pictográfica en las estelas y códices Maya, por lo que no pudo ser enfrentado con la profundidad necesaria para los arqueólogos, lingüistas y epigrafistas.
  • Aún hoy podemos encontrar en las tierras altas de Guatemala, comunidades Maya que basan su cuenta de los días, sus rituales religiosos y sus lecturas oraculares y proféticas en la cuenta de 260 días del Tzolkin.
  • El Tzolkin es una cuenta de 260 posiciones que sigue la órbita de 26.000 años de nuestro sistema solar alrededor de la estrella Alcione en el cúmulo de las Pléyades.
  • Y finalmente, que a partir del año 1992, la humanidad ha comenzado a beneficiarse, en una primera etapa, del conocimiento y la sabiduría contenidos en el Tzolkin a partir del trabajo de José Argüelles, el que lo usó como base para su propuesta de cambio del calendario gregoriano por uno de 13 lunas; y ahora, en esta etapa de tránsito desde la tercera y cuarta hacia la quinta dimensión de conciencia, se estará beneficiando con las precisiones y profundizaciones aportadas por Hernán Acosta en su libro “Tzolkin, las 33 claves ascensionales Maya”.